Este es el marco conceptual propuesto para la programación de acciones de la cuarta edición de Grigri Pixel y el conversatorio entre Marina Garcés y Felwine Sarr el jueves 13 de junio.

Al final de la II Guerra Mundial, había siete muros o vallas en todo el mundo que impedían el tránsito poblacional entre territorios. Hoy en día, mientras Trump invita a hacer América grande de nuevo y amenaza con construir un muro en la frontera entre México y USA, y con un nuevo partido político en España cuyo punto 26 de su programa promete “fortalecer nuestras fronteras y levantar un muro infranqueable en Ceuta y Melilla”, contamos con setenta y siete muros y vallas alrededor del mundo, la mayoría erigidos después del 11 de septiembre del 2011.

En paralelo, al tiempo que en el ámbito político general hay una vuelta a los identitarismos más esencialistas, a escala internacional proliferan los independentismos y resurge la derecha más xenófoba y racista, defendiendo la unidad nacional mediante el refuerzo de las fronteras y tomando como chivo expiatorio de problemas estructurales al extranjero migrante y empobrecido. Y a escala local, al interior de las ciudades, también aparecen otras fronteras socioeconómicas con repercusiones directas y desiguales sobre los cuerpos.

En el caso de Madrid, se dibuja una frontera Norte-Sur que, dependiendo del barrio donde se viva, impone una esperanza de vida de hasta 10 años de diferencia. Cifra condicionada por la renta anual, que llega a ser más del doble (52.600€) en el barrio con mayor esperanza de vida respecto a la del barrio con menor (20.885€). Las dificultades en el acceso a la vivienda y el encarecimiento del precio del alquiler, con un incremento del 49% en Cataluña y del 27% en Madrid en los últimos cuatro años, también provocan desplazamientos forzados al interior de la ciudad o incluso expulsiones, fuera de ella.

Con esta situación de trasfondo, la edición de 2019 de Grigri Pixel quiere atender estas urgencias y explorar de manera colectiva las posibilidades de reactivar y recuperar en la ciudad de Madrid, y en concreto, el barrio de Las Letras donde se ubica Medialab Prado, un espacio de encuentro que ofrezca la posibilidad del reconocimiento mutuo entre quienes lo transitan y habitan, con el fin de hacer de él un lugar de acogida en el que sentirse “vecina”.

Para ello, tomaremos como marco la práctica de la hospitalidad; pondremos en el centro la figura de las vecinas, como sujeto colectivo cuya potencia reside en el hecho de compartir, habitar y dar vida a un territorio común, sin importar el origen de cada cual; y nos ayudaremos del objeto de las Téseras, realizados por los pueblos celtíberos para materializar pactos entre ciudades o individuos y establecer así alianzas de colaboración y ayuda desde un reconocimiento mutuo, horizontal y situado.

La hospitalidad y el devenir vecina


Partiendo de una confianza inicial, la hospitalidad nos ayuda a cruzar fronteras, límites, prejuicios, asunciones y miedos para abrirnos, no sin dificultades, al aprendizaje mutuo y al (auto)conocimiento mediante la interpelación y el desplazamiento de nuestros respectivos puntos de partida, geográficos pero también “de vista” y de privilegios.

¿Qué opera como “el extranjero”, lo extraño y distinto a nosotros mismos? ¿Desde el continente africano, qué papel juega y que implica la hospitalidad?  ¿Cuáles son los “puntos de partida” – los prejuicios, asunciones y miedos – que, como individuos, colectivos o como institución pública, necesitamos revisar y desplazar?

Con el cierre de todo tipo de fronteras corremos el riesgo de aislarnos y ahogarnos por falta de exterioridad, novedad y diferencia. Por eso, a través del programa de Grigri Pixel queremos facilitar espacios para encontrarnos, pensarnos e imaginarnos JUNTO CON y DESDE los otros, interdependientes: para nutrirnos mutuamente y crecer; para revisar y reinventar nuestro auto-concepto, la idea de “nosotros”; y para ampliar los horizontes e imaginarios comunes. La “imaginación cosmopolita”, dice Delanty (2006), prospera en ambientes donde es posible operar una apertura entre uno mismo, los otros y el mundo. O recogiendo la idea de Frank Fanon que aparece en “Politicas de la Enemistad” de Achille Mbembe (2018), la práctica de re-simbolización, el hecho de la hospitalidad, posibilita la reciprocidad y la mutualidad (el encuentro auténtico con los otros). Por eso, quien acoge es también un huésped en su propia casa.

¿Cómo hacer que nos encontremos? ¿Cómo facilitar en lo concreto, a nivel barrial y de ciudad, esa apertura que nos conecta con los otros? ¿Qué lo impide u obstaculiza? ¿Puede el continente africano aportar claves de cómo vivir mejor juntxs?

La hospitalidad que enmarca al Grigri Pixel 2019 busca ser una práctica cosmopolita que da por hecho la libertad de movimiento y que nos iguala en el derecho a acceder, transitar, estar y permanecer en un lugar.

Pero acogernos y dar(nos) un lugar no se refiere únicamente a brindar y recibir espacio físico y geográfico, a tener un techo; sino también a poder transitar y habitar por tiempo indeterminado lugares identitarios e inter-subjetivos acogedores e inclusivos, que sean “casa” – hechos de experiencias, cuerpos, memorias, imaginarios compartidos…. Tal y como explica Felwine Sarr en su obra “Afrotopía” (2016) : “Los africanos han cultivado a lo largo del tiempo los valores de resistencia, valentía y paciencia para hacer frente a los diversos impactos de su historia reciente. También han cultivado valores del vivre-ensemble a través de procedimientos originales: el “compadreo” (cousinage à plaisanterie), la noción extensa de filiación y de familia, la movilidad interétnica, la capacidad de integración de la diferencia, el tejido y retejido incesante del vínculo social”.

Hacer(nos) un lugar común y sentir que pertenecemos: partir de sí para salir de sí y devenir (nos)otros.

¿Cuáles y cómo son, a nivel de barrio y ciudad, los espacios más acogedores? ¿Cómo generar cotidianamente espacios y barrios hospitalarios,… pero también identidades colectivas y sentidos de pertenencia plurales e inclusivos? ¿Cómo hacer del barrio o la ciudad una “casa”?

Hospedar también implica dar(nos) lugares éticos. Como en la cultura celtíbera, donde a través de las téseras – que eran placas de bronce con formas zoomorfas o de manos entrelazadas compuestas por dos piezas complementarias que encajaban entre sí y que se entregaban a cada una de las partes implicadas – se sellaba un compromiso o pacto de amistad para el ejercicio de derechos, prestaciones, permisos u obligaciones mutuas, muchas veces en relación al uso de las tierras. Y así, sin necesidad de apelar a una moral superior o a un Estado exterior regulador, a través de las téseras de hospitalidad, se materializaba un reconocimiento mutuo, horizontal, singular, concreto y situado, de tú a tú.

¿Cuáles podrían ser las téseras de nuestra actualidad?  ¿Cómo formalizar, simbólica y materialmente, el compromiso y reconocimiento mutuo con los otros, con mi barrio y ciudad?

Por eso, dar(nos) lugar también significa dar(nos) oportunidades y confiar, tender la mano y a-tendernos, predisponernos al otro y afectarnos, contar con el otro y tenerle en consideración. Desde el momento en que compartimos en el presente un mismo territorio, y hasta convertirnos en vecinas: devenir vecinas por el mero hecho de a-vecinarnos y reconocernos, sin importar origen, identidades ni tiempo de permanencia. Devenir vecinas (de bloque, barrio, ciudad…) por el hecho de transitar, habitar o (re)crear un mismo lugar de formas singulares, mientras nos afectan cuestiones comunes territoriales.

Así, con el proyecto Grigri Pixel 2019 nos planteamos: ¿Cómo escalar esta lógica hospitalaria, los gestos de acogida y el devenir vecinas a una dimensión barrial y de ciudad?. ¿Qué es lo que nos convierte en “vecinas”? ¿Cómo facilitar los procesos de vecindad en un territorio concreto, como el barrio de Las Letras, atravesado por la tensión entre el tránsito y la permanencia, y en un contexto glocal donde proliferan la exclusión, las desigualdades y las fronteras?